Capítulo 2

La confederación satánica de espíritus malignos.

 

Una perspectiva de las eras cubiertas por la historia en los registros bíblicos, muestra que el surgimiento y caída en el poder espiritual del pueblo de Dios estuvo marcado por el reconocimiento de la existencia de las huestes demoníacas de maldad. Cuando la Iglesia de Dios en la antigua y en la nueva dispensación estuvo en el punto más alto de poder espiritual, los líderes reconocieron las fuerzas invisibles de Satanás y trataron con ellas en forma drástica; y cuando estuvo en el punto más bajo, se las ignoraba o se les permitía tener vía libre entre el pueblo.

 

DIOS LEGISLA PARA LOS PELIGROS DE LOS ESPÍRITUS INMUNDOS

 

La realidad de la existencia de espíritus malignos mediante los cuales Satanás, su príncipe, llevó a cabo su obra en el mundo caído de los hombres, no se puede demostrar en forma más vehemente que por el hecho de que los estatutos dados por Jehová a Moisés en el monte ardiente, incorporaban medidas estrictas para tratar con los intentos de los seres espirituales de maldad de hallar entrada al pueblo de Dios. Moisés fue instruido por Jehová que mantuviera el campamento de Israel libre de sus incursiones, mediante la drástica pena de muerte para todo aquel que tuviera trato con ellos. El mismo hecho de que Jehová diera aí estatutos en relación con tal tema, y de que la pena máxima se hiciera cumplir por la desobediencia a su ley muestra en sí mismo (1) la existencia de espíritus inmundos, (2) su maldad, (3) su capacidad de comunicarse con los seres humanos y de influenciarlos y (4) la necesidad de la hostilidad inclaudicable hacia ellos y hacia sus obras. Dios no legislaría para los peligros que no tuvieran existencia real, ni tampoco ordenaría la pena máxima de muerte si el contacto del pueblo de Dios con los seres espirituales de maldad del mundo invisible no necesitase un trato tan drástico.

 

También la necesidad de la pena obviamente implica que a los líderes de Israel se les debe haber dado “discernimiento de espíritus” agudo, tan seguro y tan claro, que no podían tener duda al decidir los casos que se traían ante ellos.

 

Mientras que Moisés y Josué vivieron e hicieron cumplir las fuertes medidas decretadas por Dios para mantener a su pueblo libre de las incursiones del poder satánico, Israel permaneció en lealtad a Dios, en el punto más alto de su historia; pero cuando estos líderes murieron, la nación se hundió en la oscuridad, producida por las potestades espirituales de maldad, arrastrando al pueblo a la idolatría y al pecado. La condición de la nación en los años posteriores fue de surgimiento y caída (véase Jueces 2:19, 1 Reyes 14:22-24; compare con 2 Cr. 33:2-5, 34:2-7) en (1) la lealtad a Dios, o en (2) la adoración idólatra de los ídolos y todos los pecados que resultan de la suplantación de la adoración de Satanás – que es lo que realmente significa la idolatría – en lugar de Jehová.

 

Cuando la nueva dispensación se abre con el advenimiento de Cristo, descubrimos que Él – el Dios-hombre – reconoce la existencia de las potestades de maldad satánicas y manifiesta hostilidad inclaudicable hacia ellas y hacia sus obras – Moisés en el Antiguo Testamento, Cristo en el Nuevo Testamento. Moisés, el hombre que conoció a Dios cara a cara. Cristo, el Hijo Unigénito del Padre, enviado por Dios al mundo de los hombres. Ambos reconocen la existencia de Satanás y de los seres espirituales; ambos tratan con ellos en forma drástica a medida que entran y poseen a los hombres, y ambos hacen la guerra contra ellos, como si estuvieran activamente opuestos a Dios.

 

Viéndolo en perspectiva, desde el tiempo de Cristo en adelante a lo largo de la historia temprana de la Iglesia, hasta la entrega del Apocalipsis y de la muerte del Apóstol Juan, el poder manifestado de Dios obró (en grados variados) entre su pueblo, y los líderes reconocían los espíritus de maldad y se enfrentaban con ellos – un período que corresponde al período mosaico en la vieja dispensación.

 

LA IGLESIA EN LA EDAD MEDIA

 

Luego las fuerzas de las tinieblas ganaron y, con intervalos y excepciones intermitentes, la Iglesia de Cristo se hundió bajo su poder, hasta que en la hora más oscura que llamamos la Edad Media, todos los pecados que aumentaron mediante las obras engañosas de los espíritus inmundos de Satanás eran tan abundantes como en el tiempo de Moisés, cuando escribió por mandamiento de Dios “No sea hallado en ti… ni practicante de adivinaciones, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni fraguador de encantamientos, ni quien pregunte á pitón, ni mágico, ni quien pregunte á los muertos” (Deut. 18:10-11).

 

Ahora, al cierre de la dispensación, y en la víspera de la era milenial, la Iglesia de Cristo resurgirá otra vez, y alcanzará el poder propuesto por Dios, sólo cuando los líderes reconozcan la existencia de las potestades espirituales de maldad y tomen hacia ellas y hacia sus obras la misma actitud inclaudicable de hostilidad y de guerra agresiva, como hizo Moisés en la Iglesia del Antiguo Testamento, y como lo hicieron Cristo y sus Apóstoles.

 

LA IGLESIA DEL SIGLO XX

 

El porqué de que la Iglesia del siglo XX no haya reconocido la existencia y las obras de las fuerzas sobrenaturales de maldad sólo se puede atribuir a su baja condición de vida espiritual y de poder. Aún en el tiempo presente, cuando la existencia de los espíritus inmundos es reconocida por los paganos, generalmente es pasada por alto por el misionero como si fuera “superstición” e ignorancia; mientras que a menudo la ignorancia está del lado del misionero, quien está cegado por el príncipe de la potestad del aire a la revelación dada en las Escrituras referente a las potestades satánicas.

 

La ignorancia de parte del pagano está en su actitud propiciatoria a los espíritus inmundos, a causa de su ignorancia del mensaje del evangelio de un Libertador y Salvador enviado a “proclamar libertad a los cautivos” (Lucas 4:18), y quien cuando estuvo en la tierra, iba sanando a todos los que estaban “oprimidos por el diablo” (Hechos 10:38), y el envió a sus mensajeros a abrir los ojos a los que están atados, para que pudieran “convertirse de la oscuridad a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios” (Hechos 26:18).

 

Si los misioneros a loa paganos reconociesen la existencia de la existencia de los espíritus inmundos, y de que las tinieblas en las tierras paganas fueron causadas por el príncipe de la potestad del aire (Ef. 2:2; 4:18; 1 Juan 5:19; 2 Cor. 4:4), y proclamasen a los paganos el mensaje de liberación de las huestes de maldad, que ellos saben bien que son enemigos reales y malignos, así también como la remisión de los pecados, y la victoria sobre el pecado gracias al sacrificio redentor del Calvario, vendría un inmenso cambio en el campo misionero en unos pocos años.

 

Pero el Espíritu Santo ya está obrando, abriendo los ojos al pueblo de Dios, y muchos de los líderes en la Iglesia empiezan a reconocer la existencia real de las potestades satánicas, y están buscando conocer como discernir sus obras, y como enfrentarlas con el poder de Dios.

 

LOS CREYENTES PUEDEN RECIBIR EQUIPAMIENTO PARA ENFRENTARSE CON LAS POTESTADES SATÁNICAS

 

La hora de necesidad siempre trae la medida correspondiente del poder de Dios para enfrentar esa necesidad. La Iglesia de Cristo debe abastecerse del equipamiento del período apostólico, para enfrentar el influjo de la huestes espirituales de maldad entre sus miembros. Que todos los creyentes pueden recibir el equipamiento del Espíritu Santo, mediante el cual se manifiesta la autoridad de Cristo sobre las huestes demoníacas de Satanás, está demostrado no sólo por el caso de Felipe el diácono en los Hechos de los Apóstoles, sino también por los escritos de los “Padres”1 en los primeros siglos de la era cristiana, lo que muestra que los cristianos de ese tiempo (1) reconocían la existencia de espíritus inmundos, (2) que ellos influenciaban, engañaban y poseían a los hombres, y (3) que Cristo les dio a sus seguidores autoridad sobre ellos a través de su Nombre. Que esta autoridad a través del Nombre de Cristo2, esgrimida por el creyente que camina en unión viva y esencial con Cristo, está disponible para los siervos de Dios al fin de la era, el Espíritu de Dios lo está haciendo saber de muchos y diversos modos. Dios da una lección objetiva, mediante un cristiano nativo como el pastor Hsi3 en China, quien actuó de acuerdo a la Palabra de Dios con fe simple, sin el cuestionamiento causado por las dificultades mentales de la cristiandad occidental; o Él despierta a la Iglesia en occidente, como en avivamiento en Gales, mediante un derramamiento del Espíritu de Dios, el cual no sólo demostró el poder del Espíritu Santo obrando en el siglo XX, como en los días de Pentecostés, sino que también reveló la realidad delas potestades satánicas en oposición activa a Dios y a su pueblo, y la necesidad entre los hijos de Dios llenos del Espíritu del equipamiento para enfrentarse con ellas. También incidentalmente el avivamiento en Gales arrojó luz sobre los registros de las Escrituras, demostrando que los puntos más altos del poder de Dios manifiesto entre los hombres, es invariablemente la ocasión para las manifestaciones concurrentes de las obras de Satanás. Así fue cuando el Hijo de Dios vino del conflicto del desierto con el príncipe de las tinieblas, y encontró que los demonios ocultos en muchas vidas surgieron a la actividad maligna, de modo que de todas partes de Palestina las multitudes de víctimas vinieron al Hombre, ante el cual los espíritus que los poseían temblaban con ira impotente.

 

La parte despertada de la Iglesia hoy en día ahora no tiene dudas de la existencia real de seres espirituales de maldad, y de que hay una monarquía organizada de potestades sobrenaturales, establecidas en oposición a Cristo y su reino, decidida a la ruina eterna de cada miembro de la raza humana; y estos creyentes que saben que Dios los está llamando para buscar el equipamiento más completo que se pueda obtener para mantenerse firme y resistir a estos enemigos de Cristo y de su Iglesia.

 

Para entender la obra del príncipe engañador de esta potestad del aire, y para volverse agudo en el discernimiento de sus tácticas y de sus métodos de engañar a los hombres, tales creyentes deberían escudriñar las escrituras por completo, para obtener conocimiento de su carácter, y de cómo los espíritus del mal son capaces de poseer y de usar los cuerpos de los hombres.

 

DISTINCIÓN ENTRE SATANÁS Y LOS ESPÍRITUS INMUNDOS

 

La distinción entre las obras de Satanás como príncipe de los demonios y sus espíritus de maldad debería notarse especialmente, como para entender sus métodos en nuestros días, ya que para muchos el adversario es meramente un tentador, mientras que ni sueñan con su poder como engañador (Ap. 12:9), impedidor (1 Tes. 2:18), homicida (Juan 8:44), mentiroso (Juan 8:44), acusador (Ap. 12:10), y falso ángel de luz; y menos aún de las huestes de espíritus bajo su mando, que constantemente asedian sus caminos, decididos a engañar, a impedir y a incitar a pecar. Una inmensa hueste totalmente dada a la maldad (Mt. 12:43-45), que se deleita en hacer el mal, en asesinar (Marcos 5:2-5), en engañar, en destruir (Marcos 9:20) y en tener acceso a hombres de cualquier grado, e incitarlos a toda clase de maldad, y que solamente quedan satisfechos cuando el éxito acompaña sus planes malvados para arruinar a los hijos de los hombres (Mt. 27:3-5).

 

EL DESAFÍO DE SATANÁS A CRISTO EN EL DESIERTO

 

La distinción entre Satanás, el príncipe de los demonios (Mt. 9:34) y su legión de espíritus malignos es claramente reconocida por Cristo, y se puede notar en muchas partes de los Evangelios (Mt. 25:41). Hallamos a Satanás en persona desafiando al Señor en la tentación del desierto, y a Cristo respondiéndole como a una persona, palabra por palabra y pensamiento por pensamiento, hasta que se retira frustrado por el agudo reconocimiento de sus tácticas, por parte del Hijo de Dios (Lucas 4:1-13).

 

Leemos que el Señor lo describe como el “príncipe de este mundo” (Juan 14:30); lo reconoce como gobernante de un reino (Mt. 12:26); usa un lenguaje imperativo hacia él como persona, y le dice “Vete de aquí”; mientras que a los judíos Él le describe su carácter como uno que “peca desde el principio”, y que es un “homicida” y un “mentirosos”, el “padre de mentira”, quien “no permanece en la verdad” (Juan 8:44) la cual una vez sostuvo como gran arcángel de Dios. También se lo llama “aquel inicuo” (1 Juan 3:12), el “Adversario” y aquella “serpiente antigua” (Ap. 12:9).

 

Con respecto a sus métodos de trabajo, el Señor habla de él como el que siembra “cizaña” que son “los hijos del maligno” entre el trigo – los “hijos” de Dios (Mt. 13:38-39), revelando de este modo que el Adversario posee la habilidad de una mente maestra, que dirige, con capacidad ejecutiva, su obra como “príncipe de este mundo” en toda la tierra habitada, con poder de situar a los hombres que se llaman sus “hijos” en donde él quiera.

 

También leemos que Satanás vigila para arrebatar la semilla de la Palabra de Dios de todo aquel que la escucha, indicando así su poder ejecutivo en la dirección mundial de sus agentes, a quienes el señor describe como “aves del cielo”; en su propia interpretación de la parábola (Mt. 13:3-4, 13, 19; Marcos 4:3-4, 14, 15; Lucas 8:5, 11-12) dice claramente que Él quiso decir que mediante estas “aves”, “el maligno” (gr. Poneros, Mt. 13:19), “Satanás” (gr. Satana, Marcos 4:15), o “Diablo” (gr. Diabolus, Lucas 8:12) a quien conocemos de la enseñanza general de otras partes de las Escrituras hace su trabajo mediante los espíritus malignos que él tiene bajo sus órdenes; Satanás mismo no es omnipresente, aunque es capaz de transponerse con la velocidad de un rayo a cualquier parte de sus dominios mundiales.

 

LA ACTITUD DEL SEÑOR HACIA SATANÁS Y EL RECONOCIMIENTO DE ÉL

 

El Señor siempre estaba listo para enfrentar al antagonista a quien Él había frustrado en el desierto, pero que sólo lo había dejado “por un tiempo” (Lucas 4:13). En Pedro rápidamente discernió a Satanás obrando, y lo expuso mediante una veloz sentencia, mencionando su nombre (Mt. 16:23). En los judíos le quitó la máscara al enemigo oculto, y dijo “vosotros de vuestro padre el diablo sois” (Juan 8:44), y con palabras afiladas habló de él como el “homicida” y el “mentiroso” que los incitaba a ellos a matarlo, y que les mentía acerca de sí mismo y de su Padre en el cielo (Juan 8:40-41).

 

En el lago en una tormenta, profundamente dormido y despertado de súbito, Él está alerta para enfrentar al enemigo, y se para con calma majestuosa para “reprender” la tormenta, la cual el príncipe de la potestad del aire había levantado en su contra (Marcos 4:38-39).

En resumen, encontramos al Señor, desde el momento de la victoria del desierto en adelante, quitándole el velo a los poderes de la oscuridad, a medida que seguía adelante con un firme dominio agresivo sobre ellos. Detrás de lo que parecía “natural”, a veces discernía un poder sobrenatural que exigía su reprensión. Él “reprendió” la fiebre en la suegra de Pedro, al igual que “reprendió” a los espíritus inmundos en otras formas y más manifiestas, mientras que en otros casos simplemente sanó a los que sufren mediante una palabra.

 

También se debería notar la diferencia entre la actitud de Satanás hacia el Señor, y la de los espíritus de maldad. Satanás, el príncipe, lo tienta, busca impedirlo, incita a los fariseos para que se le opongan, se esconde detrás de un discípulo para distraerlo, y finalmente toma a un discípulo para traicionarlo, y finalmente levanta a la multitud para que lo maten; pero los espíritus del mal se inclinaron ante Él, rogándole que “los dejara en paz”, y no les mandara ir al abismo (Lucas 8:31).

 

El reino de este príncipe engañador es mencionado específicamente por el Apóstol Pablo en su descripción de él como “príncipe de la potestad del aire” (Ef. 2:2), siendo la esfera especial de actividad de Satanás y de su jerarquía de poderes los “lugares celestiales” o aéreos. El nombre Beelzebub, el príncipe de los demonios, que significa el “dios de las moscas”, habla sugestivamente del carácter aéreo de las potestades del aire, así también como la palabra “oscuridad” describe su carácter y sus hechos. La descripción del Señor de la obra de Satanás a través de “las aves del cielo” se corresponde notablemente con estas otras declaraciones, junto con el dicho de Juan de que “todo el mundo está puesto en maldad” (1 Juan 5:19); el “aire” al ser el lugar de las obras de estos espíritus aéreos, la mismísima atmósfera en la cual se mueve la raza humana, se dice que está “puesta en maldad”.

 

LOS ESPÍRITUS INMUNDOS EN LOS REGISTROS DE LOS EVANGELIOS

 

El registro del evangelio está lleno de referencias a las obras de los espíritus inmundos, y muestra que en donde quiera que el Señor se movía, los emisarios de Satanás brincaban a la manifestación activa en los cuerpos y las mentes de aquellos a quienes habitaban; y que el ministerio de Cristo y de sus Apóstoles estuvo dirigido activamente contra ellos, de manera que una y otra vez los registros dicen “Y predicaba en las sinagogas de ellos en toda Galilea, y echaba fuera los demonios” (Marcos 1:39); Él “echó fuera muchos demonios; y no dejaba decir a los demonios que le conocían” (Marcos 1:34); “Y los espíritus inmundos, al verle, se postraban delante de él, y daban voces, diciendo: Tú eres el Hijo de Dios” (Marcos 3:11). Luego vino el envío de los doce discípulos escogidos, cuando nuevamente se tienen en cuenta los espíritus de maldad, ya que “les dio potestad sobre los espíritus inmundos” (Marcos 6:7). Posteriormente nombró otros setenta mensajeros, y a medida que adelantaban en su trabajo, ellos también descubrieron que los demonios se les sujetaban en su Nombre (Lucas 10:17).

 

¿Estaban Jerusalén, Capernaún, Galilea y toda Siria llena de gente “loca” y “epiléptica” en ese entonces? ¿O la verdad de la posesión de la gente de los espíritus inmundos era un hecho común? En cualquier caso es evidente por los registros de las Escrituras que el Hijo de Dios luchó con las potestades de las tinieblas como la principal causa activa del pecado y del sufrimiento de este mundo, y que la parte agresiva de su ministerio y del de sus discípulos, estaba dirigido persistentemente contra ellos. Por un lado Él trató con el engañador del mundo, y ató al “hombre fuerte”, mientras que por otro lado enseñó la verdad acerca de Dios al pueblo, para destruir las mentiras que el príncipe de las oscuridad había situado en sus mentes (2 Co. 4:4) acerca de su Padre y de sí mismo.

 

También descubrimos que le Señor reconoció claramente al diablo detrás de la oposición de los fariseos (Juan 8:44), y la “hora y la potestad de las tinieblas” (Lucas 22:53) detrás de sus perseguidores en el Calvario. Dijo que su misión era “proclamar libertad a los cautivos” (Lucas 4:18), y quien era el captor Él lo reveló en la víspera del Calvario, cuando dijo “Ahora es el juicio de este mundo: ahora el príncipe de este mundo será echado fuera” (Juan 12:31), y más tarde que este “príncipe” vendría a Él una vez más, pero que no hallaría nada en Él como base para su poder (Juan 14:30).

 

CRISTO SIEMPRE TRATA CON LOS ENEMIGOS INVISIBLES

 

Es llamativo descubrir que el Señor no intentó convencer a los fariseos de sus pretensiones de ser el Mesías, ni tomó la oportunidad de ganar a los judíos al rendirse a sus deseos de un rey terrenal. Su único trabajo en este mundo era conquistar manifiestamente al príncipe satánico de la oscuridad mediante la muerte en la Cruz (Heb. 2:14) para liberar a sus cautivos de su control, y luchar contra las huestes invisibles del príncipe de la oscuridad que obraba detrás de la humanidad (véase 1 Juan 3:8).

 

La comisión que Él le dio a los doce y a los setenta estaba exactamente en línea con la suya. Él los envió y “les dio potestad contra los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para predicar el evangelio” (Mateo 10:1), para “atar primero al hombre fuerte” (Marcos 3:27) y luego tomar sus bienes, para luchar con las huestes de Satanás primero y después “predicar el evangelio”.

 

De todo esto aprendemos que hay un Satanás, un diablo, un príncipe de los demonios que dirige toda la oposición a Cristo y a su pueblo; pero miríadas de espíritus malignos llamados “demonios”, espíritus mentirosos, espíritus engañadores, espíritus tramposos, espíritus sucios trabajan activamente en los hombres. Quienes son y de donde se originan nadie lo puede decir con certeza. Que son seres espirituales que son malignos está más allá de toda duda; y que todos los que son desengañados y desposeídos del engaño satánico, se vuelven testigos por experiencia propia de su existencia y de su poder. Saben que seres espirituales les hicieron cosas, y que esas cosas eran malvadas; por lo tanto reconocen que hay seres espirituales que hacen el mal, y saben que los síntomas, efectos y manifestaciones de la posesión demoníaca tienen agencias activas y personales detrás de ellos. Por experiencia saben que son impedidos por seres espirituales, y por lo tanto saben que estas cosas son hechas por espíritus malignos que son impedidores. Por lo tanto, razonando de los hechos experimentales, así también como del testimonio de la Escritura, saben que estos espíritus malignos son homicidas, tentadores, mentirosos, acusadores, falsificadores, enemigos, aborrecedores, y malvados más allá del poder de conocimiento del hombre.

 

Los nombres de estos espíritus inmundos describen sus caracteres, ya que se los llama espíritus “tramposos”, “mentirosos”, “malignos” y engañadores”, ya que están totalmente dados a toda forma de maldad, y de engaño y de obras de mentira.

 

CARACTERÍSTICAS DE LOS ESPÍRITUS INMUNDOS

 

Cuales son las características de estos espíritus inmundos y como son capaces de morar en los cuerpos y las mentes de los seres humanos, se verá mediante un examen cuidadoso de los casos específicos mencionados en los Evangelios, así también como su poder para interferir, descarriar y engañar aún a los siervos de Dios, de las referencias a ellos en otras porciones de la Palabra de Dios.

 

Los espíritus inmundos generalmente se ven como “influencias” y no como seres inteligentes, pero su personalidad y entidad, y su diferencia en carácter como inteligencias distintivas se verán en las órdenes directas del Señor a ellos (Marcos 1:25; 5:8; 3:11-12; 9:25); su facultad de habla (Marcos 3:11); sus réplicas a Él, apoyadas en un lenguaje inteligente (Mt. 8:29); sus sensibilidades de temor (Lucas 8:31); su expresión definida de deseo (Mt. 8:31); su necesidad de una morada de descanso (Mt. 12:43); su capacidad inteligente de decisión (Mt. 12:44); su poder de acuerdo con otros espíritus; sus grados de maldad (Mt. 12:45); su capacidad de ira (Mt. 8:28); su fuerza (Marcos 5:4); su capacidad de poseer a un ser humano, tanto uno sólo (Marcos 1:26) como mil de ellos (Marcos 5:9); su uso de un ser humano como su médium para “adivinar” o predecir el futuro (Hechos 16:16), o como un gran hacedor de milagros por su poder (Hechos 8:11).

 

LA IRA Y LA MALDAD DE LOS ESPÍRITUS INMUNDOS

 

Cuando los espíritus inmundos actúan con ira, actúan como una combinación de las personas más locas y malvadas que existan, pero toda su maldad se hace con la más acabada inteligencia y propósito. Saben lo que hacer, saben que es malo, terriblemente malo, y quieren hacerlo. Lo hacen con ira y con el máximo de malicia, enemistad y odio. Actúan con furia y bestialidad, como un toro embravecido, como si no tuvieran inteligencia, y aún así con placentera inteligencia llevan a cabo su obra, mostrando la maldad de las maldades. Sus actos provienen de una naturaleza absolutamente depravada, con furia diabólica, y con una perseverancia inamovible. Actúan con determinación, persistencia y con métodos habilidosos, esforzándose a sí mismos en contra de la humanidad, en contra de la Iglesia, y aún más en contra del hombre espiritual.

 

MANIFESTACIONES VARIADAS DE LOS ESPÍRITUS INMUNDOS A TRAVÉS DE LAS PERSONAS

 

Sus manifestaciones a través de las personas en las cuales obtienen asidero son variadas en carácter, de acuerdo al grado y clase de terreno que adquieren por posesión. En un caso bíblico la única manifestación de la presencia del espíritu inmundo era la mudez (Mt. 9:32); el espíritu posiblemente estaba localizado en los órganos vocales; en otro, la persona retenida por el espíritu era “sordomuda” (Marcos 9:25), y los síntomas incluía echar espuma por la boca, crujir los dientes – todo relacionado con la cabeza – pero el agarre del espíritu era de tan larga data (v. 21) que podía tirar a su víctima y convulsionar todo el cuerpo (Marcos 9:20-22).

 

En otros casos encontramos meramente un “espíritu inmundo” en un hombre en una “sinagoga”, probablemente tan oculto que nadie sabía que el hombre estaba poseído así, hasta que el espíritu gritó de temor cuando vio a Cristo, y le dijo “¿Has venido para destruirnos?” (Marcos 1:24); o un “espíritu de enfermedad” (Lucas 13:11) en una mujer de la cual se podía decir que simplemente necesitaba “sanidad” de alguna enfermedad, o que siempre estaba cansada y que solamente necesitaba “descansar”, como dirían algunos en el lenguaje del siglo XX.

 

Nuevamente, encontramos un caso muy avanzado en el hombre que tenía la “legión”, que demuestra que la posesión de los espíritus inmundos alcanzaba tal clímax como para hacer que la persona parezca loca, ya que su propia personalidad estaba tan dominada por los espíritus malignos en posesión como para hacer que pierda todo sentido de decencia y de dominio propio ante los demás (Lucas 8:27). La unidad de propósito en los espíritus de maldad de llevar a cabo la voluntad de su príncipe se muestra en forma especial en este caso, ya que de un acuerdo imploraron que se les permitiera entrar en los cerdos, y de un acuerdo precipitaron a toda la piara al mar.

 

DIFERENTES CLASES DE ESPÍRITUS INMUNDOS

 

Que hay diferentes clases de espíritus es evidente por todos los casos que se dan en los registros de los evangelios. Su manifestación fuera de los casos del evangelio se puede ver en la historia de la joven de FIlipos, poseída por un espíritu de “adivinación”, y nuevamente en Simón el Mago, que estaba tan energizado por el poder satánico para hacer milagros que era considerado “el gran poder de Dios” por la gente engañada (Hechos 8:10).

 

Los espiritistas hoy en día están engañados hasta el punto en que verdaderamente creen que se están comunicando con los espíritus de los muertos, ya que es fácil para los espíritus de maldad personificar a cualquier muerto, aún a los cristianos más devotos y santos. Los han observado (Hechos 19:15) toda sus vidas, y fácilmente pueden falsificar sus voces, o decir algo acerca de ellos y de sus acciones cuando estaban en la tierra.

 

LOS ESPÍRITUS INMUNDOS PREDICEN A TRAVÉS DE LOS MÉDIUMS

 

De igual manera que un “espíritu de adivinación”, los espíritus engañadores pueden usar “lectores de las palmas de las manos” y “adivinos” para engañar, ya que en su trabajo de vigilar a los seres humanos, inspiran a los médiums a predecir, no lo que saben acerca del futuro – sólo Dios tiene este conocimiento – sino las cosas que ellos mismos planean hacer; y si pueden hacer que la persona a la que se le dicen esas cosas coopere con ellos, al aceptar o creer su “adivinación”, finalmente intentan producirla; ej.: el médium dice que tal y tal cosa pasará, la persona lo cree, y al creer se abre a sí misma al espíritu inmundo, para hacer que tal cosa pase; o sino le da entrada al espíritu o le da vía libre a uno que ya estaba en posesión, para producir la cosa predicha. No siempre tienen éxito, y esta es la razón por la que hay tanta incertidumbre acerca de la respuesta mediante los médiums, porque mucha cosas pueden impedir las obras de los seres espirituales de maldad, particularmente la oración de los amigos, o de intercesores en la Iglesia cristiana.

 

Estas son algunas de las profundidades de Satanás (Ap. 2:24) mencionadas por el Señor en su mensaje a Tiatira, refiriéndose manifiestamente a obras mucho más sutiles entre los cristianos de ese tiempo, que todo lo que los Apóstoles habían visto en los casos registrados en loe evangelios. “El misterio de iniquidad ya está obrando” escribió el Apóstol Pablo (2 Tes. 2:7) mostrando que los planes de engaño astutamente dispuestos mediante “doctrinas” (1 Tim. 4:1) predichas como su culminación total en los últimos días, ya estaba obrando en la Iglesia de Dios. Los espíritus inmundos ya están obrando hoy en día, tanto dentro como fuera de la Iglesia, y el “espiritualismo”, en su significado de tratar con los espíritus inmundos se puede encontrar dentro de la Iglesia y entre los creyentes más espirituales, separado de su verdadero nombre. Los hombres cristianos piensas que están libres de espiritismo porque nunca han estado en una sesión espiritista, sin saber que los espíritus inmundos atacan y engañan a todo ser humano, y no confinan su trabajo a la Iglesia o al mundo, sino en donde quiera que puedan encontrar condiciones que se cumplan para permitirles manifestar su poder.

 

EL PODER DE LOS ESPÍRITUS INMUNDOS SOBRE LOS CUERPOS HUMANOS

 

El poder de los espíritus inmundos sobre los cuerpos de aquellos a los que poseen se ve en los casos del evangelio. El hombre con la legión no era dueño de su propio cuerpo ni de su propia mente. Los espíritus “lo arrebataban”, “lo agitaban”, lo obligaban a cortarse con piedras (Marcos 5:5), lo fortalecían para romper cualquier grillo y cadena (v. 4), “dar voces” (v. 5) y atacar ferozmente a los demás (Mateo 8:28). El muchacho con el espíritu mudo era derribado a tierra (Lucas 9:42), y convulsionado por el espíritu; el espíritu lo forzaba a gritar, y a lastimarse, para que el cuerpo quedara magullado y lastimado (v. 39). Los dientes, la lengua, los órganos vocales, los oídos, los ojos, los nervios, los músculos y la respiración parecen estar afectados e interferidos por los espíritus inmundos en posesión4. Tanto la debilidad como la fuerza son producidos por su obra, y los hombres (Marcos 1:23), las mujeres (Lucas 8:2), los muchachos (Marcos 9:17) y las chicas (Marcos 7:25) están igualmente abiertos a su poder.

 

Que los judíos estaban familiarizados con el hecho de la posesión de espíritus inmundos está claro por sus palabras, cuando vieron a Cristo el Señor echar a un espíritu ciego y mudo de un hombre (Mt. 12:24). También había hombres entre ellos que conocían algún método de tratar con tales casos (v. 27). “¿Vuestros hijos por quién los echan?”, dijo el Señor. Que tal trato con los espíritus inmundos no era eficaz, se puede deducir de algunos casos que se dan, en donde parece que el alivio de los dolientes de la posesión de espíritus inmundos, era lo más que se podía hacer; ej.: (1) el caso del Rey Saúl, quien era calmado por el toque del arpa de David; (2) Los hijos de Esceva, que eran exorcistas profesionales, quienes reconocieron un poder en el Nombre de Jesús que su exorcismo no tenía. En ambos casos el peligro del alivio intentado y del exorcismo se muestran en forma llamativa en contraste con la orden completa manifestada por Cristo y sus Apóstoles. David que le estaba tocando a Saúl súbitamente está consciente de la jabalina que lanzada por la mano del hombre que buscaba calmar; y los hijos de Esceva se encontraron con los espíritus inmundos encima de ellos y dominándolos ya que usaron el Nombre de Jesús sin la cooperación divina dada a todo el que ejercita la fe personal en Él. También entre los paganos, que conocen el veneno de estos espíritus malignos, la propiciación y el aplacamiento de su odio mediante la obediencia a ellos es lo más que conocen.

 

EL EXORCISMO DE LOS ESPÍRITUS INMUNDOS CONTRASTADO CON EL PODER DE LA PALABRA DE CRISTO

 

¡Qué  llamativo es contrastar todo esto con la calma autoridad de Cristo, que no necesitaba adjuración, ni métodos de exorcismo, ni ninguna preparación prolongada de sí mismo antes de tratar con un hombre poseído por un espíritu! “Echa fuera los espíritus mediante la palabra”, “Con autoridad y poder manda y ellos le obedecen”, era el testimonio asombroso de la gente impresionada; y también el testimonio de los setenta enviados por Él para usar la autoridad de su Nombre, ya que descubrieron que los espíritus se les sujetaban, como lo hacían con su Señor (Lucas 10:17-20).

 

“Ellos le obedecen”, decía la gente. “Ellos” – los espíritus inmundos de quienes la gente sabía que eran entidades reales gobernadas por Beelzebub, su príncipe (Mt. 12:24-27). El dominio completo del Señor sobre los demonios, obligó a los líderes a encontrar algún modo de explicar su autoridad sobre ellos, y así mediante esa sutil influencia de Satanás – con la cual está familiarizado todo el que ha tenido la oportunidad de conocer sus estratagemas – lo acusan al Señor de tener Él mismo poder satánico, al decir “Por Beelzebub, príncipe de los demonios, echa fuera los demonios”, sugiriendo que la autoridad de Cristo sobre los espíritus inmundos se derivaba de su jefe y príncipe.

 

La referencia al reino de Satanás, y a su reinado, quedó sin ser contradicha por el Señor, que simplemente declaró la verdad en la faz de la mentira de Satanás, de que Él arrojaba fuera los demonios “por el dedo de Dios”, y de que el reino de Satanás caería pronto si él fuera a actuar contra sí mismo y desalojara a sus emisarios de su lugar de retiro en los cuerpos humanos, en donde únicamente podían lograr su máximo poder, y hacer el daño más grande entre los hombres. Que Satanás aparentemente lucha contra sí mismo es verdad5, pero cuando lo hace, es con el propósito de encubrir algún plan para mayor conveniencia de su reino.

 

LA AUTORIDAD SOBRE LOS ESPÍRITUS INMUNDOS DE LOS APÓSTOLES DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

 

Que los Apóstoles después de Pentecostés reconocieron y combatieron a los ciudadanos del mundo invisible, es evidente por los registros de los Hechos de los Apóstoles, y otras referencias en las Epístolas. Los discípulos estaban preparados para Pentecostés, y para la apertura del mundo sobrenatural mediante la venida del Espíritu Santo, por sus tres años de entrenamiento por el Señor. Lo habían observado luchar contra los espíritus malignos de Satanás, y también ellos mismos habían aprendido a luchar contra ellos, de modo que el poder del Espíritu Santo con seguridad podía darse en Pentecostés a los hombres que ya conocían las obras del adversario. Vemos cuan rápidamente Pedro reconoció la obra de Satanás en Ananías (Hechos 5:3), y como los “espíritus sucios” salían de su presencia como lo hicieron con su señor (Hechos 5:16). También Felipe descubrió que las huestes de maldad eran subordinadas (Hechos 8:7) a la palabra de su testimonio, a medida que él proclamaba  a Cristo al pueblo, y Pablo también conocía el poder del Nombre del Señor Resucitado (Hechos 19:11) al enfrentarse contra los poderes del mal.

 

Está claro por lo tanto en la historia de la Biblia que la manifestación del poder de Dios invariablemente significaba enfrentamiento agresivo contra las huestes satánicas; que la manifestación del poder de Dios en Pentecostés, y a través de los Apóstoles, significaba una actitud agresiva hacia los poderes de la oscuridad; y por lo tanto, que el crecimiento y madurez de la Iglesia de Cristo al fin de la dispensación, significará el mismo reconocimiento, y la mismo actitud hacia las huestes satánicas del príncipe del poder del aire; con el mismo testimonio conjunto del Espíritu Santo de la autoridad del Nombre de Jesús, como en la Iglesia primitiva. En resumen, que la Iglesia de Cristo encontrará su nivel de marea alta, cuando sea capaz de reconocer y luchar contra la posesión demoníaca; cuando conozca como “atar al hombre fuerte” mediante la oración, “mandar” a los espíritus del mal en el Nombre de Cristo, y de librar a los hombres y las mujeres de su poder.

 

 

 

 

LA IGLESIA EN EL SIGLO XX DEBE RECONOCER LOS PODERES DE LA OSCURIDAD

 

Por esto la Iglesia cristiana debe reconocer que la existencia de espíritus engañadores, mentirosos, es tan real en el siglo XX como en el tiempo de Cristo, y su actitud hacia la raza humana no cambió. Que su única meta incesante es engañar a todo ser humano. Que están dados a ala maldad todo el día y toda la noche, y que están incesantemente y activamente vertiendo un arroyo de maldad en el mundo, y sólo están satisfechos cuando triunfan en sus planes malvados para engañar y arruinar a los hombres.

 

Con todo, los siervos de Dios han estado preocupados solamente con destruir sus obras, y de luchar contra el pecado, sin reconocer la necesidad de usar el poder dado por Cristo, para resistir mediante la fe y la oración, y la oración y la fe, esta permanente inundación corrientosa de poder satánico vertida entre los hombres, de forma que los hombres y las mujeres, jóvenes y viejos, y aún cristianos y no cristianos, sean engañados y poseídos mediante su astucia, y a causa de la ignorancia acerca de ellos, y de sus artimañas.

 

Estas fuerzas sobrenaturales de Satanás son el verdadero impedimento para el avivamiento. El poder de Dios que irrumpió en Gales, con todas las marcas del día de Pentecostés, fue jaqueado e impedido de continuar hasta la totalidad de su propósito6 por el mismo influjo de espíritus inmundos como el que enfrentaron Cristo el Señor en la tierra, y los Apóstoles en la Iglesia primitiva, con la diferencia de que las incursiones de los poderes de la oscuridad halló a los cristianos del siglo XX, con pocas excepciones, incapaces de reconocerlos y de enfrentarlos. Ha seguido la posesión por parte de espíritus inmundos, y jaqueó a todo avivamiento similar a lo largo del siglo veinte desde Pentecostés6 y estas cosas se deben entender desde ahora y se deben enfrentar, si es que la Iglesia va a avanzar hacia la madurez. Entender no sólo en el grado de posesión registrado en los evangelios, sino también en las formas especiales de manifestación adaptadas al cierre de la dispensación, bajo el disfraz del Espíritu Santo, aunque tienen las mismas marcas características en los síntomas corporales, que se ven en los registros de los evangelios, cuando todos los que vieron la manifestación supieron que era la obra de los espíritus de Satanás.